Noticias Isla verde inaugura columna de analisis

EDITORIAL: MIGUEL JAIME: DIR. NOTICIAS ISLA VERDE.

Tengo el agrado de inaugurar un segmento para “Noticias Isla Verde”

que sera habitual para nuestros seguidores de la pagina.

Un hijo dilecto y amigo de Isla Verde, tiene la gentileza de compartir

con nosotros el sesudo análisis sobre micro y macro economía que viene

realizando hace mucho tiempo en diferentes canales de expresión, y tomado

como material de consulta y reflexión en diferentes áreas de la Economia Argentina.

Le doy  la bienvenida al brillante Islaverdense HECTOR RUBINI , a este sitio que califica y

enriquece con su columna de análisis económico desde Buenos Aires.

 

HECTOR RUBINI:

LICENCIADO EN ECONOMIA  (UNIV- NAC. DE ROSARIO)
MASTER EN ECONOMIA  (INSTITUTO TORCUATO DI TELLA)
MASTER EN FINANZAS  (UNIV. DEL CEMA)

CONSULTOR (IPEC,  SANTA FE ),

INVESTIGADOR Y PROFESOR  (UNIVERSIDAD DEL SALVADOR)

PROFESOR (UNIVERSIDAD ARGENTINA DE LA EMPRESA

Y UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES).

 

                                                            La soja y “El Niño”: hay que pasar el 2016…

 

Desde Buenos Aires, escribe Héctor Rubini.

2 de marzo de 2016

 

El gobierno de Macri ha tomado decisiones políticas favorables para los productores agrícolas y para las actividades agroindustriales. Las medidas más relevantes han sido la eliminación de las retenciones a las exportaciones (salvo para algunas exportaciones industriales y la soja, que de una tasa de 35% pasó a tributar 30%), el levantamiento de las restricciones burocráticas a las importaciones, la liberación del mercado de cambios y algunos programas de ayuda para actividades específicas (tamberos y productores vitivinícolas, entre otros). Esto revirtió la tendencia hacia rentabilidad negativa en casi todos los cultivos inclusive en la zona núcleo sojera (norte de Buenos Aires, centro-sur de Santa Fe y este de Córdoba).

La devaluación de la moneda no fue seguida de una explosión inflacionaria, pero la progresiva suba de precios de bienes, servicios e insumos ha “desinflado” la mejora inicial en la rentabilidad esperada de la casi totalidad de las actividades agropecuarias. En el caso de los propietarios que acordaron alquileres a cobrar a valores desde la siembra, no percibirán igualmente la mejora potencial del cambio de régimen, al menos hasta la próxima campaña. En el caso de los que acordaron cobrar quintales en cosecha, el beneficio no es significativo, dado que la baja de retenciones fue de a 30% a 35%, y el precio a cosecha estaría ubicándose en valores nominales inferiores en un 20%-25% a los de un año atrás. Cabe observar además que la mayor parte de los titulares que alquilaron sus campos tendieron a hacerlo a cosecha en quintales de soja, más bien que de maíz u otros cereales, que en pesos registraron mayores subas en diciembre que en el caso de la soja.

Las expectativas hasta fin de año son de estabilidad de las nuevas reglas de juego para el sector, pero hasta que no se estabilicen los costos de comercialización y de transporte, la rentabilidad del cultivo de soja no va a aumentar de manera significativa. La mejora de la rentabilidad en pesos al productor se ha erosionado desde el inicio del nuevo gobierno, porque luego del aumento de los precios en pesos por el abandono del régimen de retenciones, los costos empezaron a aumentar a un ritmo del 4%-5% mensual, y en algunas provincias se aproxima a no menos del 7%. A su vez, la lenta pero persistente baja del precio de la soja, viene erosionando también la rentabilidad esperada, fundamentalmente para los productores alejados de los puertos de embarque. Las exportadoras trasladan las retenciones a los acopiadores, quienes a su vez trasladan a los productores dicho gravamen y los costos de comercialización y flete, abonándoles un precio inferior al internacional. Cuanto menor sea el rendimiento, y mayor la distancia al puerto, menor la rentabilidad por hectárea para el productor (sea este propietario, o arrendatario).

A fines de noviembre con un precio internacional de U$S 347 por tonelada, los campos con un rendimiento superior a los 35 quintales de soja por hectárea y a no más de 100 km. de puerto todavía exhibían rentabilidad neta positiva. Ahora bien, para campos a 400 o más km. de distancia, para contar con rentabilidad positiva se requería un rendimiento superior a los 50 quintales por hectárea y siempre suponiendo condiciones climáticas óptimas. De ahí que donde no se observaron en la época de siembra (Chaco, Santiago del Estero y otras del norte argentino) se ha registrado una reducción del área sembrada algo superior a las 180.000 hectáreas

Por otro lado, el exceso de lluvias de los últimos meses, asociado al fenómeno de “El Niño”, ha perjudicado fundamentalmente al sur de Santa Fe (depto. De General López) y al sudeste de Córdoba. Según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Córdoba y del INTA en el departamento Marcos Juárez hay no menos 27.000 hectáreas bajo agua. Para peor, las perspectivas no son alentadoras: se espera que este anormal régimen lluvias continúe al menos hasta abril. En el caso de los campos no inundados, difícilmente se logren rendimientos promedio de 39 quintales por hectárea como en la campaña del año pasado. En el caso de maíz de primera también será difícil superar el promedio de 100 quintales por hectárea del año pasado. En no pocos casos se dificultará la recolección en tiempo y forma, tanto por el estado del piso de los campos, como por el de los caminos rurales, y sin tener en cuenta cortes de rutas.

Según el diario La Nación los productores agrícolas, tamberos y ganaderos del departamento Marcos Juárez sufrirían pérdidas de aproximadamente 400 millones de pesos. Da la impresión que es una cifra optimista. De continuar las lluvias en exceso hasta mayo, la normalización al menos parcial de los campos anegados no se observará hasta fines de junio. Por consiguiente, las pérdidas para los productores pueden superar largamente los 600 millones de pesos. Y sin sumar los daños en zonas urbanas por inundaciones y hundimientos, como ya viene padeciendo Isla Verde, y cuya evolución y gravedad futuras son, hoy por hoy, imposibles de pronosticar.

Aun si se normalizara el clima, a partir de mayo próximo, el panorama luce complicado. En el caso de la soja, la situación es crítica para quienes no puedan levantar la cosecha, pero tampoco es muy favorable para quienes sí puedan hacerlo. Además de la suba de combustibles de enero (6%), se espera para este mes otro aumento (8%) a lo que seguirá, inevitablemente un incremento en costos de comercialización y transporte. Revertir la falta de recuperación de la rentabilidad requiere: a) una fuerte suba del precio del dólar, sin impacto precios ni en los costos para el productor, b) una suba sostenida del precio internacional de la soja, o c) la ocurrencia simultánea de a) y b).

Lo primero exige que el aumento del tipo de cambio no impacte en los costos de producción, ni de comercialización. No parece factible en el corto plazo. El nuevo gobierno ha optado por no aplicar un programa antiinflacionario contundente, ni por la vía convencional (restricción monetaria y/o fuerte suba sostenida de tasas de interés) ni por la llamada “heterodoxa” (control de precios e ingresos, y/o desindexación de contratos, con tipo de cambio fijo o cuasi-fijo). Más aún, se esperan subas pendientes en tarifas de gas natural, de agua potable en Capital Federal y otras provincias, y alguna suba adicional en combustibles y electricidad. El impacto en fletes y costos de producción y comercialización es, claramente inevitable. La incertidumbre del impacto de las paritarias, y la suba estacional de precios de alimentos e indumentaria en el segundo y tercer trimestre, se ve a su vez potenciada por la inexistencia de un índice de precios oficial de referencia que sea único y creíble. Por tanto, la persistencia de subas preventivas de alquileres, fletes y costos de comercialización, es inevitable, al menos hasta las vacaciones de invierno. Respecto del punto a), pensar en bajas de costos de manera significativa, no luce factible.

El precio de la soja en el mercado interno ha registrado una repentina suba en la última semana, pero es transitoria. Obedece a faltantes de materia prima para las aceiteras, que no van a persistir mucho más de 3 o 4 semanas. Desde anteayer, para un precio de U$S 313/ tonelada en Chicago, las aceiteras del Gran Rosario pagaban a los proveedores locales (con entrega hasta el 9 de marzo) U$S 231/tonelada. Sin embargo, el rápido avance de la cosecha sojera de Brasil está presionando el precio a la baja. Por otro lado, en su reciente Foro Anual del 25 y el 26 de febrero en Arlington, Virginia, el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) presentó una estimación de U$S 312/tonelada a fin de año, pero ayer redujo ese pronóstico a U$S 310, ante la perspectiva de una cosecha esperada en ese país de no menos de 103 millones de toneladas.

Para los productores argentinos se puede sumar además otro factor negativo: una altamente probable devaluación del real brasileño. Una desvalorización de la moneda brasileña de un 20% (hasta 4,80 reales por dólar) en lo que resta del año no es imposible. Esto significaría un aumento de la demanda de soja de puertos brasileños, en detrimento de la de origen argentino. Esto acumulará stocks de soja para aceiteras y exportadoras, presionando a la baja al precio interno en pesos. El impacto va a ser, como siempre, más importante para los productores más alejados de los puertos de embarque (digamos a distancias superiores a los 200 km.) y con menor rendimiento por hectárea.

En definitiva, sin perspectivas de baja de costos, y con expectativas casi certeras de caída del precio al productor, la rentabilidad de la soja tiende a reducirse de manera permanente al menos hasta fines de 2016. Obviamente, quienes poseen campos anegados y esperan que las aguas se retiren bastante antes de la época de siembra, deberán pensar en sustituir soja por otros cultivos potencialmente más rentables. No es este el caso de los productores sojeros del resto de la zona núcleo (norte de Buenos Aires y centro-sur de Santa Fe), no se verían afectados, dado que se espera para esta campaña que obtengan rendimientos por hectárea igualando los máximos históricos.

Con relación a la próxima cosecha (2016/17, tanto productores como arrendatarios deberán prestar atención a la evolución del régimen de lluvias, pero también a la de los precios internacionales, de la cotización del dólar, y de los costos de producción y comercialización. En las áreas donde se retiren las aguas y se observe cierta baja de las napas subterráneas, podría esperarse la sustitución de soja por otros cultivos. Todo dependerá del comportamiento de las variables ya mencionadas, y obviamente de un cuidadoso control de costos para evitar sorpresas desagradables en los próximos meses. Ciertamente en el caso de propietarios y arrendatarios altamente endeudados, las elevadas tasas de interés pueden dificultar la adecuación de su estructura de capital. Por lo tanto, lo recomendable será un manejo con máxima prudencia de los costos y de la exposición a deudas con bancos y otros acreedores, al menos hasta que el actual régimen de lluvias vuelva a cierto estado de normalidad.